Una ovejita a la conquista del mundo ( II )

Las ovejas merinas. El otro Descubrimiento

 

          
La presencia en España de la oveja merino se remonta según unas fuentes a la conquista musulmana de la Península. Según otros, los cronistas romanos: Marcial, Plinio, Juvenal y Columela ya hablaban de una animal cuya descripción podía ajustarse perfectamente a la especie. Todos coinciden en identificar a  la raza merina como originaria de la zona arábigo mediterránea, y remotamente, de Asia, pero las particulares propiedades de la lana de las ovejas merinas vinieron proporcionadas por su adaptación  a las condiciones de la Península, lo que las hace un producto netamente ibérico. Esto implica un particular tipo de vida, cual fue la trashumancia  que les permitió el acceso a pastos adecuados durante todo el año. De la importancia del comercio de la lana pueda dar idea el hecho de que, los animales, podían pastar incluso en terrenos privados,  y aun hoy es conocido el dominio público de todas las cañadas, que otrora utilizaban estos animales para desplazarse en sus periplos a través fundamentalmente de la Meseta.
     El monopolio ejercido durante siglos por la corona, la calidad del vellón producido, la suavidad de los productos obtenidos con dicha lana y la productividad de cada animal: de 10 a 18 kilos de lana por año, casi el doble que el resto,  contribuyeron a alimentar  el mito de este animal, hasta el punto de que a pesar de los riesgos corridos, el mercado de  contrabando  a través de los Pirineos funcionó durante siglos con diversos resultados. Aparecen merinos en Suecia, en la temprana fecha de 1723, obsequio del depresivo Felipe V  a un ciudadano sueco, Polonia, Rusia. La última reina de Francia; María Antonieta, caprichosa, frívola y algo infantil, conseguiría un rebaño de merinos, regalo de rey Carlos III, familiar de su marido Luis XVI con un mero propósito onírico: jugar con ellos en su lujoso retiro del Petit Trianon, una especie de Parque de Atracciones del siglo XVIII en el que solía refugiarse junto a varios miembros de la aristocracia

Merinos de Rambouillet, adquiridos por Luis XVI a su primo Carlos III
Merinos de Rambouillet, adquiridos por Luis XVI a su primo Carlos III

     Francia poseía una cabaña ovina cuya  lana era bastante pobre en comparación con su eterna competidora, Inglaterra; sus ovejas, a pesar de ser su lana inferior a la calidad de la lana merina, daban mejores resultados que las francesas. Nada mejor que aprovechar la alianza familiar entre los reinos de España y Francia para poder obtener tan valioso producto en número suficiente como para sostener la mayor parte de la  producción lanera. Ello no se conseguía con regalos puntuales, sino con miles de ejemplares, y entre ellos, varios cientos de carneros reproductores. Pero la alianza familiar quedó minimizada por los intereses comerciales, ya se sabe el dinero no sabe de emociones, y solo la reversión  de la Florida, tras la guerra de independencia americana, hizo mas receptiva la aptitud de la corona española a las peticiones de su homóloga en Francia. 
Se llamaba Shrek. Una oveja merina con más de 30 kilos de lama
Se llamaba Shrek. Una oveja merina con más de 30 kilos de lama

     El país vecino llevaría durante los últimos años de la monarquía borbónica,  la revolución, el directorio y el Imperio, una autentica caza de la oveja merina por el territorio español. Primero de forma amistosa, después, por la fuerza. Al principio con la colaboración de pastores y mayorales españoles que seleccionaban y conducían el ganado allende los Pirineos, mas adelante, durante la Guerra de la Independencia,  y tras la defección de los guías locales, el ejercito napoleónico se vió obligado a utilizar soldados como pastores para vigilar los valiosos rebaños. Estos no pudieron evitar que el derrotado ejercito de Dupont, en retirada, hambriento y agotado, sacrificara varias de las valiosas merinas que se dirigían hacia Burgos, con el fin de conducirlas finalmente a Francia . La industria de la lana en el país vecino debe mucho a un hombre; el mayoral Pedro Blanco que, en sentido estricto, fue un traidor a su patria. Estuvo al servicio de los franceses durante más veinte años y al final, seguramente vinculado a ellos por lazos de amistad y camaradería, mantuvo su colaboración en tiempos en los que esta era desaconsejada. Murió por ello, su viejo amigo, Poyferé de Ckres,  tal y como refiere Eric Teyssier (La introducción de los merinos en Francia s. XVIII y XIX ) se ocuparía de honrar su memoria con un ramo de flores abandonado en las tierras de Castilla.
     La lana es un producto absolutamente ecológico se degrada sin contaminar y es renovable. Todavía no existe ninguna fibra artificial que haya podido igualar sus propiedades. Es un buen aislante térmico tanto del frío como del calor y absorbe la humedad del cuerpo, hasta un 30% de su peso, sin transmitir sensación de humedad alguna. Aún húmeda, es capaz de producir calor. La lana de la oveja merina, además, es la más fina de cuantas existen por lo que nunca pica en su contacto con la piel. ¿Qué piensan ahora de las ovejas españolas?