La gran epopeya de las ovejas merino españolas

La historia de la mejor lana del mundo ( I )

Merino español: macho y hembra. s XIX

Si los países tuvieran venas probablemente por las de España no habría circulado sangre sino ganado; ovejas para ser mas preciso, y de entre ellas la más preciada; la oveja merina. Un autentico diamante en bruto cuyo producción fue un monopolio del país durante varios siglos, llegando al extremo de penar con la muerte el comercio de estos animales. Sólo el rey estaba autorizado a ello, y quizás de ahí vino su perdición.
     El merino español es un príncipe entre los de su especie, se le ha llamado ovino noble, estableciendo así distancias con su pariente, la cabra, a la que siempre se la ha considerado como la vaca de los pobres. Su historia es la de una epopeya a la conquista del mundo  que desdice esa casposa visión de los casposos cronistas de nuestro pasado que, solo ven en estos torpes animalitos, la huella polvorienta de un país atrasado.   
     Más de doscientos cincuenta millones de ejemplares de merino español se distribuyen actualmente por el mundo. Su lana no tiene parangón: fina, suave, limpia, con las dimensiones adecuadas. Produce entre diez y dieciocho kilos de lana al año, no hay ovino que le iguale en esto. Considerada en repetidas ocasiones como la mejor lana del mundo. Quizás solo la lengua española las aventaje en hablantes, pero estos rumiantes de cuatro patas están presentes en casi  todo el planeta. Llegaron a América de la mano de Colón en su segundo viaje, y excepción hecha de la selva y valles húmedos, se asentaron con facilidad en todo el Continente. Pasaron a los EEUU a través de Méjico, de forma que, cuando los ingleses llegaron al actual Estado de Virginia, ya se encontraron en el con la oveja merina asentada como habitante veterano.
Poderosa imagen de un macho merino español. Un autentico tesoro
Poderosa imagen de un macho merino español. Un autentico tesoro

     Los alemanes las sacaron de La Península embarcándolas a hurtadillas en barcos de contrabando. Los franceses utilizaron el ejercito napoleónico para conducir rebaños de miles ejemplares a las granjas galas, y poder así competir con la lana británica que, por cierto, era de menor calidad que la del merino. En Sudáfrica llegaron de la mano de un escocés al servicio de los bóers, Gordon, que así se llamaba, compró en España varios ejemplares a finales del siglo XVIII.
     A partir de aquí se podría escribir un libro entero sobre las ovejitas españolas, le surgieron enemigos insospechados como el mono babuino que las abría en canal para alimentarse de su leche y padecieron también  cierta incuria. En efecto,  Gordon falleció y su ganado fue puesto en venta por una cantidad irrisoria, empero ¡Cuánto debe el destino a la casualidad! Ese precio fue el responsable de que Australia, hoy en día, sea el país con mayor número de ejemplares de la raza merina. Otro británico, pero esta vez asentado en la isla continente, lo adquirió para llevarlo a una granja australiana. De aquí paso a Nueva Guinea en donde la presión del hombre blanco deportó a  las selvas a un animal, en principio de naturaleza inocente: un papagayo, el llamado papagayo Nestor, que a fuerza de ver precarizada su existencia se convirtió en carnívoro y enemigo jurado de las ovejas a las que atacaba a picotazos. 
Esta imagen apareció en National Geographic. Su autor sostenía que la oveja merina, así trasquilada, solia perder el equilibrio
Esta imagen apareció en National Geographic. Su autor sostenía que la oveja merina, así trasquilada, solia perder el equilibrio.

     La lana de las ovejas merinas españoles se ha convertido en un patrimonio nacional en Australia, donde probablemente se produzca la mejor lana del mundo porque además se han preocupado por mejorar esta especie, ya de por sí óptima.