Pequeña historia del Zapato



El zapato no es un objeto baladí entre los pueblos semitas, es decir entre árabes y judíos. Ambos tienen una particular fijación con el zapato en el cual han personificado a lo largo de la historia cualidades que, por supuesto, son extrañas al mismo. Por ejemplo, se utilizaba para golpearse durante los periodos de duelo y luto por algún familiar fallecido. La tradición rabínica prohíbe el acceso calzado al templo de Jerusalén, con lo cual los juidos establecieron una suerte de precedente para los musulmanes que, como de todos es sabido, deben descalzarse antes de entrar en sus mezquitas.
     Pero este mecanismo ritual no es exclusivo de los pueblos meridionales, también los bárbaros solían lanzar un zapato al aire cuando deseaban que lloviera en un lugar determinado, y de todos es conocido, o debería serlo, que una de las primeras cosas que hace un nórdico al llegar a su casa es desprenderse de los zapatos por razones higiénicas, sobre todo. Nos espantaría conocer la infinidad de suciedad que se adhiere a las suelas de los zapatos y que, nosotros, ignorantes, nos dedicamos a repartir por el suelo de nuestro hogar. Los atildados japoneses, en sus súper reducidos hogares minimalistas, saben lo que es conservar el suelo como si fuera el plato donde toman la sopa, no en balde, muchos de ellos duermen sobre su superficie sobre un somero colchón.  En la imagen, momento en el que el periodista iraquí Muntaner al-Zaida lanza un zapato al Presidente de los EEUU, Georges Busch.