Lo que Roma esconde. Los mil nombres de Dios
Esta historia empieza en el año 80 antes de Cristo. Estamos en Roma, bajo la dictadura de Sila, en la casa de Quinto Valerio Sorano; tribuno de la plebe, una especie de defensor del pueblo. Intelectual, diletante, ocurrente y algo provocador. Vive bien, más que bien; sobradamente bien, pero ha cometido un error. Las puertas de su casa son violentadas por una guardia enviada por el Senado. De nada le sirve su indignación a Sorano, es encadenado y llevado a prisión. Días después muere, colgado de una cruz y tras una espantosa agonía de siete días que le ha aplastado los pulmones bajo el peso de su propio cuerpo. Otras versiones le permiten huir a Sicilia, en donde el largo brazo del Senado le depara el mismo fin. En cualquier caso es muy extraño que un ciudadano romano sea condenado a morir crucificado, un suplicio destinado a los esclavos y aquellos que por la calidad de sus crímenes lo merecen. Y Quinto Valerio Sorano, a juicio del Senado de Roma, sí se ha hecho merecedor de esta muerte innoble. Se ha atrevido a publicar un pequeño libro titulado Epoptidon (algo así como Presentación) en el que ha osado revelar el nombre secreto de Roma. Una revelación que acarrea inmediatamente la muerte por traición, toda vez que quien posea el nombre arcano de la ciudad posee la ciudad misma.
