Me he enterado de que nos comemos los olores. Aun más hay olores que neutralizan otros olores, son olores asesinos que se llaman hipoalérgicos. Que la canela del arroz con leche, el azafrán de las paellas y el clavo que atenúa la flatulencia de las coliflores son componentes habituales en los perfumes. Como lo es también el contenido de las glandulas de un ciervo: el almizcle. Que usan igualmente glándulas de ratas, musarañas, escarabajos y hasta los cocodrilos. Me he enterado también que el sentido del olfato, tan despreciado incluso por grandes filósofos como Kant que lo consideraba mendaz, deja una huella en nuestro cerebro más intensa que la de los otros sentidos. De todo esto me he enterado. Paciencia esta entrada (post) sobre los perfumes es sólo el aperitivo. Vendran más
. No será el primero ni el ultimo de los pensadores que lo desprecie por considerarle vinculado muy intensamente a la traza de animal que hemos sido y somos. Algunos piensan incluso que, en cuanto el hombre dejo de andar a cuatro patas y olfatear el trasero de sus semejantes para establecer de esta manera su filosofía política, las relaciones de poder y la seducción, el sentido del olfato fue perdiendo jerarquía respecto a los otros sentidos, sobre todo el de la vista. Cuanta injusticia ante un don que, desde tiempo inmemorial, se ha mostrado extremadamente habilidoso al detectar alimentos en mal estado lo que nos ha librado de severas intoxicaciones. El olor de nuestra madre, por ejemplo, está grabado en el subconsciente con tanta persistencia que probablemente todas esas situaciones de extrema paz interior que a veces experimentamos, vienen detonadas por aromas que a ella nos recuerdan.
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| Probando desodorantes |
Por eso quizás, por la importancia del olor, hace ya algún tiempo la compañía Sony, entre otras, se propuso que el publico fuera capaz de reconocer la marca también por las “narices”. Como al parecer la capacidad del cerebro para evocar recuerdos percibidos a través del olfato es muy superior al de los otros sentidos, determinó utilizar en un futuo próximo y en todos sus centros un perfume exclusivo que ayudara a reconocer su imagen hasta con los ojos cerrados. De esta manera será posible oler el mismo ambientador en la tienda que posee en Madrid o en París, y en la que dispone en la ciudad de los Ángeles, a más de 10.000 kilómetros de distancia entre una y otra. El marketing oloroso, por lo visto, está obteniendo resultados prometedores.
Será por eso por lo que la Gran Vía de Madrid (una ciudad a la que amamos y odiamos a partes iguales)que es como una hermana menor, aunque bastante meritoria de otras grandes calles comerciales del mundo está de reestreno. De la mano de un compañía catalana se están instalando en varios de los comercios sitos en la misma ambientadores corporativos con el propósito de que te lleves el sello de la marca pegado a tu pituitaria: Stradivarius, Telefónica, etc.
La experiencia, por lo que sabemos, es bastante agradable habida cuenta la moderación en la intensidad de los olores. Nada que ver con esos chispazos que notabas en el cerebro al entrar en determinadas salas de cine o discotecas. No hay nada peor que intentar apagar un mal olor con otro ya que el resultado son dos malos olores

