BARROCO
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| Alcantarillas de Moscu |
Algo parecido se debió de encontrar Hernán Cortés cuando penetró en la ciudad de Tenochtitlan, una vez atravesado los puentes del Lago Texcoco, sobre la que esta se había construido. Se encontró con una ciudad de un cuarto de millón de habitantes, levantada prácticamente sobre palafitos. Una especie de Venecia en el Nuevo Mundo y que reutilizaba los deshechos humanos como fertilizantes en una suerte de islas artificiales, creo que denominadas chinampas. Hasta tres cosechas recogían al año, tal es la eficacia del abono humano pero seguramente el precio debía de ser alto; más del ochenta por ciento de la población con parásitos intestinales. Es el regalo de nuestras deposiciones; la humanidad se ha visto condenada durante toda su existencia al dolor de tripas, las colitis y los vómitos. Y eso que los aztecas tenían separadas las aguas para el consumo por un lado y las de evacuación por otro.
Cortés servía a un hombre que tuvo un curioso nacimiento. Empezó también con un dolor de tripas lo que obligo a su madre, Juana de Castilla, a ausentarse de la recepción de la que disfrutaba en Gante, actual Bélgica, para sentarse sobre una de las letrinas portátiles que se utilizaban. Y allí nació Carlos, el Emperador Carlos. Nunca tuvo una corte fija, un día estaba en los Países Bajos, otro en la Castilla Comunera, más adelante en Roma. En fin, cada vez que decidía moverse le seguía un ciento de carros y miles de hombres. Un carro en particular nos llama la atención, el último de la fila, apartado un poco de la comitiva imperial. Transporta los llamados sillicos; letrinas portátiles.Por el olor todo el mundo guarda distancias con el genero y eso a pesar de que van provistos de abundante provisión de plantas aromáticas . Los sillicos se disponían en habitaciones anexas a las reuniones de Corte para su uso de la forma mas inmediata posible. Aunque esto es una verdad a medias, porque como ya se vera los monarcas no se cortaban un pelo(exp. carecer de reparos).
La decoración de estos sillicos es en algunos casos de una intensa ostentosidad, cualquiera diría que su uso es el que es. Provistos de brazos, tapas y respaldos, su elaboración estaba encomendada a verdaderos artistas que utilizaban hasta nácar y bronces en su trabajo, lujosas telas de tafetán, seda. El de Enrique VIII estaba provisto de cisterna y era portátil, y la corte de Escocia poseía varios para uso regio; uno de ellos provisto de más de dos mil clavos dorados. En Francia formaban parte del patrimonio real y recibían distintos nombres: retiros, sillas de asuntos, necesarias. También se llamaban necesarias en España. Luis XIV, el rey Sol ,despachaba sus asuntos sobre este particular trono, rodeado de infinidad de súbditos y cuando terminaba de aliviarse un sirviente, por la parte posterior del trono, retiraba la bacinilla con su contenido. Cuando Mel Brooks filmó la loca historia del mundo, recogió una escena que parecía una exageración: “el muchacho del pis” un criado que recorría los jardines de Versalles provisto de un recipiente, muy atento a las necesidades físicas de los nobles que lo requerían para evacuar allí. Sorprende que ni en Versalles, con ese lujo desmedido en cada detalle, ni en Fontainebleau no hubiera retrete alguno y sin embargo en El Escorial, mucho mas austero, ya hubiera en tiempos de Felipe II constancia de tales reservados. Contemporánea de Felipe II, la reina Isabel I de Inglaterra utilizó por primera vez un precursor de los actuales retretes. Estaba provisto éste de cisterna, y se situaba prácticamente sobre un pozo negro del que solo le separaba una pequeña trampilla que, aunque permanecía cerrada, no era capaz de evitar los olores del deposito. Había que esperar aún unos 200 años.
Retrete, a decir de alguno, designa retiro, lugar en el que refugiarse con ánimo reflexivo. Aunque por esta época; el barroco, todo lo relacionado con la evacuación era considerado como un autentico acontecimiento publico, abundando, dicho sea de paso, una prolífica literatura escatológica. Tanto hombres como mujeres manejaban con despreocupación las obligaciones que les imponía su organismo; una alta dama de la nobleza francesa se quejaba en sus memorias del fastidio que le causaba cagar en el orinal o en el jardin. Y los miembros de la nobleza napolitana despachadan los primeros asuntos del día rodeados del servicio, mientras utilizaba su bacin con absoluta despreocupación. Sin embargo el apocadito de Erasmo de Rótterdam, que no veía mal aliviarse en la calle, sí que aconsejaba que, de sorprender a algún conocido evacuando en lugar público, las reglas de urbanidad desaconsejaban saludarlo.
Nápoles por cierto, daría a España un monarca lo suficientemente ilustrado como para obligar a sus súbditos a lavarse “son como niños” diría al hacerse eco de su fastidio. En una época marcada por el “miasmismo” que es como una oda a la “mugre” muy en boga durante los siglos XVI y XVII y que estuvo en vigor casi hasta el siglo XIX. Como enfermaban, y no sabían de qué ni cómo, suponían que el aire que respiraban( fétido y hediondo)y en forma de miasmas, penetraba por los poros de la piel causando buena parte de las enfermedades que les atormentaban. Había que evitar en la medida de lo posible el agua, que dilataba la piel. Los consejos higiénicos limitaban su uso al empleo de paños ligeramente humedecidos en las axilas y en las ingles. Resultado, una suerte de mofetas enjoyadas y repugnantes que para una vez que se bañaban, como le paso a Enrique III de Francia va y le matan
Carlos III de España, el rey que renunció a Nápoles, se encuentra con unas ciudades espantosamente mal olientes. Madrid apestaba desde hacia muchos años pero debió de esperar hasta el siglo XVIII para la traza de las primeras alcantarillas. El barón Walflet en las rues de Madrid hace una valoración bastante deplorable de la ciudad, que por cierto, tampoco es una excepción en el paisaje europeo de ciudades repugnantes. Con una Modena, en Italia, cubierta de mierda hasta las orejas(expr. alcanzar considerable altura) cada vez que llovía. O las ciudades alemanes, desbordados de basura, y a cuyos vecinos exigen los munícipes que se lleven un poco de la basura de las calles aunque sea a sus casas(tal como lo leen). Hasta entonces, existía una curiosa normativa en Madrid que prohibía, durante las horas de luz, arrojar desperdicios a la calle. Sólo al anochecer, y advirtiendo al menos tres veces de la intención, se podían vaciar en las calles las aguas de uso domestico, aunque en la practica el acatamiento de esta norma era bastante relajada.
Circular a determinadas horas por las calles europeas era una carrera de obstáculos que a veces culminaba con un apestoso baño de excrementos e inmundicias, lanzado desde algún piso alto. Si no llovía malo, pero si llovía era peor. En Sevilla eran famosas varias charcas, pero sobre todo la de Feria ……….. acumulación de aguas residuales próxima al centro urbano resultado de las lluvias torrenciales. Verdaderas cloacas de superficie que durante muchos años atormentaron a los sevillanos. Esto, junto con los pozos negros y el mal diseño del alcantarillado, invadían las capas freáticas, y con ello, el curso de los manantiales potables de agua de los que se servía la mayor parte de la población que la tomaba de pilastras y caños. Por eso decíamos al principio que la humanidad ha convivido durante miles de años con los problemas estomacales. Los higienistas aconsejaban cocer el agua que se diera a los bebes pero muchas veces lo adecuado no es lo más sabroso. En Londres, por ejemplo, la población gustaba de un agua fresca y chispeante captada de afluentes en los que procesos de descomposición orgánica eran los responsables de esas cualidades. Les gustaba pero se iban envenenando. Los aguadores, una de esas profesiones desaparecidas y de los que hubo 40.000 en Paris, captaban el agua de mejor calidad en arroyos cuya ubicación era casi un secreto gremial. Las aguas del Guadalquivir a su paso por la ciudad tenían una densidad parecida a la del fango de la suciedad que albergaban, y aguas arriba, estaban contaminadas por las industrias del tejido. Este agua era reservada a las clases pudientes claro. Lo cual tampoco les garantizaba inmunidad ante las sucesivas epidemias, tal y como le sucedió al duque de Medina Sidonia ante la peste del XVI, que a pesar de disponer hachones en la mitad de la ciudad de Sevilla y de ir provisto de almizcle(perfume de fuerte olor), ropas lisas donde no pudieran afianzarse los miasmas y demás zarandajas, murió victima de la enfermedad
En Valladolid, que había sido Corte, las cosas no iban mejor, el río Esgueva debía de ser dragado en varias ocasiones vista la cantidad de restos que llevaba en suspensión y los lodazales cubrían a los vecinos hasta el tobillos. A la vista de esta geografía de la hediondez no es extraño que los lugares, y en particular los ríos tomaran nombres descriptivos : senda de la cagada, río Fleet. Arroyo mierdoso en Segovia..........................
Continuará

