Hace casi 25 años una amiga mía realizó un viaje a la India y se trajo un monumental enfado. Su enojo era doble, por una lado sostenía que viajar allí debería de estar prohibido, pues era morboso ofrecer esa infinita pobreza como artículo de consumo. No se trataba de una misería lejana y referida, ni siquiera suburbial, estaba solo unos metros más alla del lujoso vestíbulo del hotel donde se hospedaba. Su enfado llegaba también del lado de su impotencia; se había propuesto relatar con una sencuencia matemática toda su experiencia dentro del país, y mucho se temía que no lo iba a conseguir puesto que sintió que la India era tan pródiga en acontecimientos que precisaría mil vidas para encajar todo cuanto veía, olía y sentía. Pese a su proposito inicial. decidió dejarse llevar por todo aquello que impactaba en sus sentidos, que era mucho, vista su impotencia por dar una respuesta lógica a los mismos. Más adelante ya se ocuparía de disponer aquellas fotografías mentales que se iba haciendo de este hiperpaís. Convencida de que, en cualquier caso, La India sí es un viaje por el alma de las personas, los animales y las cosas.
Además de esto la India es gente. Casi mil doscientos millones de personas. En 2030 será el país más poblado de la tierra superando a China. Llegara hasta los 1500 millones y después, si Dios lo quiere y los indios lo permiten, empezara a descender suavemente. Todo ello en un territorio que no llega a los cuatro millones de kilómetros cuadrados y una densidad de 365 habitantes por kilómetro cuadrado (91 habitantes España). Tiene mas de 40 ciudades por encima del millón de habitantes y el Estado de Uttar Pradesh tiene él sólo casi tantos habitantes como Brasil. Algunas zonas de Bombay, que es la ciudad mas poblada de la India, tienen una densidad de habitantes en algunas zonas de la urbe autenticamente inimaginable: varios cientos de miles. De entre las 12 peores ciudades del mundo para trabajar figuran 3 ciudades indias. Munbai (Bombay) tiene por sí sola algunos récords; es la ciudad menos educada del mundo y también la peor ciudad para viajar, aunque Calcuta la supere en número de pobres e indigentes. La India posee un millón de aldeas y nunca duerme, en el sentido de que siempre, sea la hora del día y de la noche que sea, hay gente en la calle. Las horas más tranquilas del día son las primeras horas de la mañana, parece que la miseria, si algo tiene, es que no obliga a madrugar.
Algunas de sus avenidas son ríos de cabezas humanas en los que es imposible aventurar el tipo de pavimento sobre el que se camina. El asfalto se reserva a un mas que caótico tráfico que, por supuesto, no conoce semáforo alguno. Cruzar cualquier calle requiere armarse de paciencia, y por fin, de un arrojo suicida porque la menor duda te puede retener indefinidamente en esa parte de la calle. Y digo parte porque en la India, excepción hecha de algunas ciudades como Goa, parece que las aceras no existen. Ofician de tales las líneas que los comerciantes han ido comiendo al asfalto para exponer sus géneros. O el espacio que por mero principio físico ocupan los viandantes. O los montones de basura que se acumulan como trincheras por las zonas aledañas de los centros y que al menos, por una vez, son útiles. Y qué infernal estruendo el de ese tráfico. Pitan por todo; son como los perritos, que ladran de miedo muchas veces. Se me ocurre que aquí, en las carreteras de la India, se da un proceso de relativización jerárquica en eso de las castas; la venganza de los parias que se cogen el volante de un camión. La preferencia de paso en el código de circulación indio está en relación directa al tamaño del auto que lleves; cuanto más grande mejor. Y cómo gestionan el espacio, tres personas sobre una motocicleta minúscula, qué extraordinaria habilidad sobre el motociclo.
Claro que esto es preferible a los autobuses. Algunos tienen la caja del motor sobresaliendo como un ataúd junto al volante del conductor. Se calienta tanto -el motor digo- que es difícil comprender como con más de cuarenta grados a la sombra puede aquel hombre aguantar en semejante horno móvil. Si a ello añadimos los 80, 100, 150 pasajeros ¿Cuánta gente cabe en un autobús indio? Imagínense esa sauna con una humedad gelatinosa y una higiene escasa, respirando el aliento mas bien cargadito de algunos viajeros.
Lo primero que te pide el cuerpo al descender es un buen trago de agua. De esas jarras de agua que por la voluntad ofrecen, tras unos cuantos cartones, algunas viejas; sin vaso, echándote el líquido en el cuenco de la mano. Y eso en un país donde hay que cocer hasta el agua mineral. Bendito sea, una nación con tantas necesidades pensando siempre en el prójimo; los mendigos dando limosna a los mendigos como sucedía a la puerta de algunos templos en la Edad Media en Europa.
No sé si la fe mueve montañas, pero si es cierto que en la India las mantiene ¿Cómo soportar este destino tan crudo? ¿Dónde están los gurus del liberalismo? ¿Los apóstoles del laicismo? En Calcuta lleva gobernando 30 el Partido Comunista Indio, aparte de dotar el callejero de la ciudad de todo el santoral marxista-leninista, Avenida Lenin, Calle Ho Chi Minh, etc. el PCI-M se ve desbordado por una presión demográfica brutal y una rampante corrupción. Dos millones de indigentes paseando todos los días arriba y abajo de la ciudad. En Calcuta existían unos taxis llamados rickshaws carrito tirado por el músculo de una persona. Unos decían que de esta manera se demostraba la bravura de los hombres bengalíes, otros que esa era una formula insoportable de degradación. Se prohibieron, gano la dignidad, perdió el estomago.
Sesenta millones de niños hay en la India trabajando cuando deberían de estar en la escuela ¿Qué hacemos? Nada, son niños. No deben trabajar, pero mejor eso que en la pequeña rapiña, las mafias, las insufribles sevicias a que son sometidos infinidad de criaturas porque en el colegio no van a aguantar, a no ser que se les ate al pupitre. Aquí en el diario este de un Continente como es la India debían de estar Ringo Starr, Mia Farrow, el difunto Lennon…..
En India solo una clase media de 300 millones de personas parece tener asegurado el sustento diario, el resto se sirve del ingenio para sobrevivir. De eso que llaman la iniciativa privada: sacamuelas a domicilio, o sea habilidosos mecánicos que te sacan un diente o una muela por 50 rupias, un dólar mas o menos. Pero hemos dicho domicilio, o sea en medio de la calle si es menester. O los limpiadores de oídos, para la cerilla y todo eso, te limpian los pabellones auditivos en un periquete y si eres el primer cliente del día agradecerán de forma especial el primer billete que reciben, lo pasaran por su frente. Pienso que de ahí el estado del papel moneda: el uso, la humedad, la frente. Nadie te cogerá un billete roto ¿Quién piensa en celofán aquí?.
Continuará
Además de esto la India es gente. Casi mil doscientos millones de personas. En 2030 será el país más poblado de la tierra superando a China. Llegara hasta los 1500 millones y después, si Dios lo quiere y los indios lo permiten, empezara a descender suavemente. Todo ello en un territorio que no llega a los cuatro millones de kilómetros cuadrados y una densidad de 365 habitantes por kilómetro cuadrado (91 habitantes España). Tiene mas de 40 ciudades por encima del millón de habitantes y el Estado de Uttar Pradesh tiene él sólo casi tantos habitantes como Brasil. Algunas zonas de Bombay, que es la ciudad mas poblada de la India, tienen una densidad de habitantes en algunas zonas de la urbe autenticamente inimaginable: varios cientos de miles. De entre las 12 peores ciudades del mundo para trabajar figuran 3 ciudades indias. Munbai (Bombay) tiene por sí sola algunos récords; es la ciudad menos educada del mundo y también la peor ciudad para viajar, aunque Calcuta la supere en número de pobres e indigentes. La India posee un millón de aldeas y nunca duerme, en el sentido de que siempre, sea la hora del día y de la noche que sea, hay gente en la calle. Las horas más tranquilas del día son las primeras horas de la mañana, parece que la miseria, si algo tiene, es que no obliga a madrugar.
Algunas de sus avenidas son ríos de cabezas humanas en los que es imposible aventurar el tipo de pavimento sobre el que se camina. El asfalto se reserva a un mas que caótico tráfico que, por supuesto, no conoce semáforo alguno. Cruzar cualquier calle requiere armarse de paciencia, y por fin, de un arrojo suicida porque la menor duda te puede retener indefinidamente en esa parte de la calle. Y digo parte porque en la India, excepción hecha de algunas ciudades como Goa, parece que las aceras no existen. Ofician de tales las líneas que los comerciantes han ido comiendo al asfalto para exponer sus géneros. O el espacio que por mero principio físico ocupan los viandantes. O los montones de basura que se acumulan como trincheras por las zonas aledañas de los centros y que al menos, por una vez, son útiles. Y qué infernal estruendo el de ese tráfico. Pitan por todo; son como los perritos, que ladran de miedo muchas veces. Se me ocurre que aquí, en las carreteras de la India, se da un proceso de relativización jerárquica en eso de las castas; la venganza de los parias que se cogen el volante de un camión. La preferencia de paso en el código de circulación indio está en relación directa al tamaño del auto que lleves; cuanto más grande mejor. Y cómo gestionan el espacio, tres personas sobre una motocicleta minúscula, qué extraordinaria habilidad sobre el motociclo.
Claro que esto es preferible a los autobuses. Algunos tienen la caja del motor sobresaliendo como un ataúd junto al volante del conductor. Se calienta tanto -el motor digo- que es difícil comprender como con más de cuarenta grados a la sombra puede aquel hombre aguantar en semejante horno móvil. Si a ello añadimos los 80, 100, 150 pasajeros ¿Cuánta gente cabe en un autobús indio? Imagínense esa sauna con una humedad gelatinosa y una higiene escasa, respirando el aliento mas bien cargadito de algunos viajeros.
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| Contrastes de La India. Sobre estas líneas, interior del vagón restaurante del tren de los Maharajas. Un circuito al alcance de aquellos que puedan pagar 8.000 dolares |
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| Aunque no lo parezca bajo esta muchedumbre hay un tren |
Lo primero que te pide el cuerpo al descender es un buen trago de agua. De esas jarras de agua que por la voluntad ofrecen, tras unos cuantos cartones, algunas viejas; sin vaso, echándote el líquido en el cuenco de la mano. Y eso en un país donde hay que cocer hasta el agua mineral. Bendito sea, una nación con tantas necesidades pensando siempre en el prójimo; los mendigos dando limosna a los mendigos como sucedía a la puerta de algunos templos en la Edad Media en Europa.
No sé si la fe mueve montañas, pero si es cierto que en la India las mantiene ¿Cómo soportar este destino tan crudo? ¿Dónde están los gurus del liberalismo? ¿Los apóstoles del laicismo? En Calcuta lleva gobernando 30 el Partido Comunista Indio, aparte de dotar el callejero de la ciudad de todo el santoral marxista-leninista, Avenida Lenin, Calle Ho Chi Minh, etc. el PCI-M se ve desbordado por una presión demográfica brutal y una rampante corrupción. Dos millones de indigentes paseando todos los días arriba y abajo de la ciudad. En Calcuta existían unos taxis llamados rickshaws carrito tirado por el músculo de una persona. Unos decían que de esta manera se demostraba la bravura de los hombres bengalíes, otros que esa era una formula insoportable de degradación. Se prohibieron, gano la dignidad, perdió el estomago.
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| Rahul Ghandi. Nieto de Indira Ghandi ¿El futuro de la India? |
En India solo una clase media de 300 millones de personas parece tener asegurado el sustento diario, el resto se sirve del ingenio para sobrevivir. De eso que llaman la iniciativa privada: sacamuelas a domicilio, o sea habilidosos mecánicos que te sacan un diente o una muela por 50 rupias, un dólar mas o menos. Pero hemos dicho domicilio, o sea en medio de la calle si es menester. O los limpiadores de oídos, para la cerilla y todo eso, te limpian los pabellones auditivos en un periquete y si eres el primer cliente del día agradecerán de forma especial el primer billete que reciben, lo pasaran por su frente. Pienso que de ahí el estado del papel moneda: el uso, la humedad, la frente. Nadie te cogerá un billete roto ¿Quién piensa en celofán aquí?.
Continuará



