EDAD MEDIA. SEGUNDA PARTE
En la entrada anterior (Alcantarillas. Retretes y Wc. Parte Tres) vimos el empedrado de muchas de las calles de este tiempo. Si pensáis que habéis visto todo es que estáis equivocados; aún tenemos más. Que la Edad Media da mucho de sí y aquí los personajes son de cuidado. El carnicero para empezar, sangra el ganado sacrificado delante de su matadero, la sangre apesta cuando se seca y corrompe. Imaginaos la sangre de 200 vacas todos los meses, y la de otras tantas ovejas, así, en laminitas, como una apestosa mermelada. Y los huesos y vísceras que no se aprovechan apilados allí mismo, picoteados por las gallinas y por el resto de la población animal que deambula libremente por las calles.
Un oficio tan contaminante; el de carnicero, que se gano su expulsión de las ciudades. Así les pasó en París que les mandaron a un lugar alejado y bien ventilado y también en Ferrara en Italia y en Sevilla, por solo mencionar tres lugares. Pero no son los únicos; los curtidores, unos grandes devoradores de agua, necesitan caudalosos cursos de agua para limpiar las pieles, además de hacer un uso intensivo de la química y otros productos estrafalarios: alumbre, boro, estiércol de paloma. Los restos de piel no utilizable y el pelo quedan expuestos a la intemperie y a su subsiguiente pudrición. Otra técnica de alta contaminación era la del almacenamiento de orina rancia para la industria de la lana, y digo rancia porque solo así era eficaz en el blanqueamiento de los tejidos.
Como se ve, las calles de una ciudad medieval eran todo un circo de olores, ninguno de ellos agradables. Que más daba que el agua tuviera cierto olorcillo. No era lo mismo vivir en la parte alta que en la parte baja de la urbe y por una sencilla razón, cuando llovía todos los lodazales acumulados en la parte alta se deslizaban hacia abajo, acumulándose y remansándose allí para formar charcas de considerables proporciones. Y este agua traía toda la fetidez de las calles del medievo; orines, heces humanas y animales, sangre de animales sacrificados, curtidurías, vísceras. En fin, un lodazal que aún hoy tiene un complicado y carísimo tratamiento. La presencia de dichas charcas está atestiguada en infinidad de ciudades como Córdoba, Londres, Paris, Milán. Así como la existencia de innumerables arroyos que, por lo común, eran utilizados como alcantarillas y sobre los que se vertían toda suerte de sustancias de desecho, y no solamente las domesticas, como es el caso del arroyo Menilmontant en Paris: una verdadera cloaca al aire libre(mederaux, en francés. Algo así como: conducto de mierda). Dichos cursos de agua a veces quedaban interrumpidos por obstrucción, formando grandes balsas de agua que afectaban a viviendas. Ni siquiera ciudades bien dotadas de redes urbanas de alcantarillado, como es el caso de Toledo, se libraban de desbordamientos de este tipo. La ciudad de Toledo, desde tiempos de los romanos y mejorada por los árabes, disponía de unos canales que discurrían por el centro de sus calles, llamadas madres no sin cierta intención, a la que iban a parar el contenido de numerosas letrinas de la ciudad. Cuando estas se embocaban, dirimir la responsabilidad sobre su limpieza llevaba a la ciudad varios días, y el resultado de esto era un lodazal de repugnante aroma que cegaba zonas de la urbe. Y menos mal que la ciudad disponía de una ubicación ideal, encaramada como está en una colina. Otras ciudades como Paris o Londres, destinadas a jugar un papel como metrópolis en un futuro, sufrían como ninguna los males de unas concentraciones humanas que carecían casi por completo de una red cloacal. Londres con 35000 habitantes disponía sólo de 15 letrinas pegadas al Tamesis. París, que ya iba camino de los 150000 y que junto a Constantinopla era la ciudad más grande de Occidente, imponía ya castigos físicos a quien hiciera sus deposiciones en la calle. El rey de las calles de La Edad Media no estaba coronado y era un curioso animal de cuatro patas: el cerdo
Y no es que no se haga nada que se hace, al menos las ciudades se limpian los días de visita del Rey, del Obispo y los de procesión. Desde el siglo XII algunas calles de Paris están empedradas, los vecinos estaban obligados a retirar sus inmundicias y el gremio de carniceros, como ya se ha mencionado, estaba acosado prácticamente en toda Europa, acotando el ejercicio de matarife a zonas alejadas de los centros urbanos. En Paris por ejemplo, se sacrificaban ya 300.000 animales al año y sus entrañas, esqueletos y vísceras incomestibles se corrompían por las calles, arroyos y bosques sin que nadie se ocupara de retirarlos. Nadie establece relación alguna entre suciedad y enfermedad pese al cólera, el tifus y un ciento de enfermedades más, y eso que les queda lo peor. Todos los productos de desecho, todo el lodo de las calles, todo acaba en las aguas de los ríos urbanos. En el siglo XII las aguas del Tamesis ya estaban contaminadas y en el XIII fue preciso aportar agua de afluentes menores para beber. Del 1363 datan las primeras cloacas de Barcelona y la ciudad de Murcia puede que fuera la mejor dotada de alcantarillas de todas las ciudades de La Península, aunque con el tiempo la mayoría de ellas quedara fuera de uso.
Y todo esto referido a la Europa occidental porque hemos de viajar hasta el año 1905 para encontrar en Moscu unos escasos 5000 vecinos conectados a las cloacas de la ciudad. ¡Cómo estarían seiscientos o setecientos años antes¡ En Japón sin embargo, y desde el siglo VIII o IX, utilizaban unas pequeños acequias por las que corría el agua para hacer allí sus deposiciones, colocando un pie a cada lado del curso de agua
Desbordados por los montones de basura acumuladas en cualquier calleja y que les sofocan. Utilizados estos estercoleros incluso para esconder molestos cadáveres de personas asesinadas o muertas de pura indigencia, y que una vez muertos hieden igual que el resto de animales, las ciudades medievales resuelven acumular las basuras en los llamados muladares
Los muladares son paradójicamente los puntos limpios del medievo, y su nombre, aunque no lo parezca, está relacionado con las murallas de las ciudades en las que a la postre acabaron por instalarse, con el resultado de saturar también estas con verdaderas montañas de desperdicios. En Segovia por ejemplo el peso de las basuras allí depositadas echaron abajo parte del paño de la muralla y ocasionaban filtraciones en las casas anexas a las mismas. En Evora, en Portugal, la altura de los depósitos alcanzó tales dimensiones que fue utilizaba por los sitiadores de la ciudad para penetrar cómodamente en ella. Además de lanzar las basuras donde habitualmente solían hacerlo ahora disponían también de muladares
Por estas fechas avanzaba hacia la decadencia pero Constantinopla, en alguna momento antes del siglo XIII, había tenido cerca de un millón de habitantes, una cifra crítica porque para los medios de la época era muy difícil mantener esa población. Ni Córdoba, ni Paris, Ni Milán, ni Bagdad podían emularla. Tenía un sinfín de mitos urbanos y uno de ellos parece tremendamente actual, hace referencia a los cocodrilos que habitaban en sus cloacas y en este caso con bastante mas verosimilitud que la de los saurios que dicen haberse acomodado a las templadas alcantarillas de Nueva York . Un día del año 1348 un viajero procedente de Egipto desembarco en la ciudad, venia aterrado y respiro aliviado al contemplar la cúpula de Santa Sofía. Decía haber visto morir a la gente por miles tras una espantosa agonía, y que los cadáveres cubrían las calles de Alejandría y El Cairo sin que nadie se ocupara de recogerlos. Desdichado, no sabia que el mal no estaba muy lejos, en el mismo barco que le había traído desde Alejandría y que él mismo no tardaría en caer enfermo. La peste, pues de ella se trata, había estado rondando el continente durante siglos, no lo abandonaría, pero esta epidemia acabaría con uno de cada tres europeos. Y las cosas no volverían a ser igual.
continuará............

