ALCANTARILLAS, RETRETES Y WC. PARTE DOS

Cloacas en Roma y en el Califato de Córdoba




La historia nos la han estado contando con algo de lirismo. Tiberio, el sucesor de Augusto, se fue de Roma porque según unos no soportaba esa atmósfera de intriga y conspiración en la que vivía rodeado, y según otros porque era un ser tan degenerado que, incluso, la impúdica capital  se escandalizaba con sus excesos. Bueno pues ni lo uno ni lo otro: se fue de Roma porque no podía soportar el hedor de sus calles.

Suerte que las bellas artes se ven incapacitadas para representar la pestilencia, ni pueden pintarla, ni esculpirla. Aunque sí son capaces arquitectónicamente de erigir un templo a la diosa protectora de las cloacas. Muchos de los diletantes que suelen sufrir ese mal de la belleza producido por el impacto estético de la antigüedad clásica, y que refiere Stendhal(un exagerado ataque de cursilería, nada mas), sufrirían un cortocircuito en sus sublimes impresiones. Ni aun los templos perdidos en medio del campo quedaban ilesos del feroz y tenaz ataque de las meadas y deposiciones de hombres y bestias. Allá donde la distribución de las columnas permitía un mínimo recinto de intimidad colocaban sus mojones, los hitos de una buena digestión, los hijos de Roma y de Grecia. Y si me apuran ni intimidad, ni vergüenza alguna que tal y como veremos no se "cortaban un pelo” (modismo. por turbar).
Y eso que Roma, la ciudad de Roma, abrumada a la postre por una población de casi un millón de habitantes desarrolló una red de alcantarillado más que aceptable, aprovechando la intensa y regular corriente del Tíber. Lo que no consiguió evitar es que los cochinos romanos dejaran de limpiarse las manos en las pantorrillas de la estatura de Julio Cesar a falta de otra cosa con que hacerlo.
Esto no hace menoscabo de la excelente ingeniería de aguas negras de las que disponía la ciudad, que se remonta a 800 años antes de Cristo. Iniciada por los tarquinos, primeros reyes etruscos de Roma, la Cloaca Máxima tiene una antigüedad de 2500 años(es decir 500 años AC). Su propósito inicial era el de drenar un pantano sobre el que la ciudad de Roma se había ido construyendo,  porque Roma flota prácticamente sobre aguas subterráneas.
La Cloaca, en un principio, era un canal a cielo abierto. Pero la presión demográfica acabó por convertirla en  la columna vertebral de  la red de alcantarillado de la ciudad, a la cual vertían todas las escorrentías de la urbe, de forma que terminó por hacerse subterránea. La gran bóveda de la Cloaca Máxima, junto a su encuentro con el Tíber, es hoy perfectamente visible en la ciudad eterna y se encuentra situada junto al puente   Palatino, muy cerca de la Isla Tiberina.
     La arqueología de las alcantarillas a la que son tan aficionados los romanos, tiene censados unos  900 metros de Cloaca. En algunos tramos tiene mas de tres metros de ancho y cuatro de alto por lo que era fácilmente accesible en caso de mantenimiento. Una de sus bocas por cierto, recibe ahora el rimbombante nombre de la Bocca Della Veritá ante la que hacen cola los turistas pensando, supongo, que es otra cosa.
 Los romanos, tan dados a inflacionar su nómina de dioses con el menor pretexto, se encontraron un día una estatua entre sus aguas y pensaron que era una señal de los cielos. La llamaron Cloacina y la hicieron más o menos patrona de la Cloaca Máxima;  protectora de los desagües de Roma. Con el tiempo Cloacina fue prosperando, en cuanto a dignidad y aspiraciones se entiende, y su protección se extendió a la pureza, protectora de la salud sexual y diosa por fin de la inmundicia. Lo que debía de ser la última categoría en cuanto a sus aspiraciones. Con el tiempo se la empezó a llamar Cloacina Venus. En su honor, y en el foro, se construyó un templo, frente a la Basílica Emilia. Las malas lenguas –que siempre las ha habido- dijeron que allí fue levantado porque en ese preciso lugar dieron muerte a Julio Cesar y que sólo un templo de Cloacina merecía ese dudoso honor. El templo disponía de una puerta que permitía el acceso a la cloaca y su imagen(la del templo) acompañó la silueta de Julio Cesar en las monedas acuñadas tras su asesinato. O sea que esta diosa advenediza no pudo ocultar sus orígenes por más oropeles de los que se invistiera en la posteridad. Lo que se dice una “trepa”,  por varias razones unida a la memoria de Cesar.  
La Cloaca Máxima prestó  y presta grandes servicios a Roma,  pero les tenía deparadas algunas que otras sorpresas a sus habitantes más confiados. Las buenas casas de los patricios romanos descargaban sus inmundicias mediante canalizaciones al sistema de alcantarillado, pero cuando el río Tíber crecía, lo que suele hacer con frecuencia, se producía el fenómeno de reflujo; es decir las aguas negras salían cual sifones por los retretes de las casas y dejaban prácticamente a la ciudad flotando en su propia mierda.
A la vista de cómo debía de ingeniárselas el resto de la población esto no era más que un pequeño incidente. Esta ciudad era una colmena abigarrada de cuartuchos para los hombres y cuadras para las bestias, aunque a juzgar por cómo se conservaban unas y otras no se sabia muy bien cual era el reparto de las indecentes estancias. Los amplios espacios de los Foros eran  en la Roma profunda callejas inmundas y callejones sin salída dotadas de unos pestilentes agujeritos. Son estos las bocas de las alcantarillas que supuestamente permanecían limpias, pero con frecuencia estaban obstruidos y no solo con restos fecales sino con animales muertos e inmundicias de toda naturaleza  Aqui vaciaban sus orinales los ciudadanos de Roma y eso si conservaban su movilidad y su animo, porque las más de las veces unas tinajas colocadas bajo las escaleras de las frágiles insulae (manzanas de casas) oficiaban de letrinas. Estos depósitos se vaciaban con alguna frecuencia pero entretanto, y aunque rebosaran de excrecencias, allí seguían vertiéndose los restos. Los vecinos de los pisos bajos, agobiados por el repugnante olor, mantenían un permanente conflicto con los de los pisos altos. Por una u otra razón, porque estuvieran impedidos, por evitar conflictos, por no bajar varios tramos de escaleras, estos últimos acababan por lanzar desde las ventanas sus inmundicias a la calle. Este deporte, el de vaciar el orinal por la ventana, lo ha estado utilizando la humanidad durante varios siglos. Aunque  por esta vez Roma no puede hacer alarde de ser su autora, porque ya hay constancia de que en la ciudad de Ur, capital de Sumeria, y mas o menos en la actual Irak, sus vecinos abrían las puertas de las viviendas y vaciaban así sus bacines. Unos 1500 años antes de esto que refiero.
Letrinas públicas en Roma

En Roma se vivía en la calle, los insulae eran poco más o menos lugares en los que dormir, guardar pertenencias, refugiarse ante la lluvia o permanecer en caso de enfermedad. Por eso la ciudad dispuso de los primeros retretes de pago de la historia. Junto al  teatro Marcelo, por ejemplo; un ciento de ellos. Una galería bajo la cual se disponían decenas de losas a las que se les habían practicado un orificio. Una a continuación de  otra y en las que se acomodaba, probablemente en cuclillas debido a la suciedad acumulada, el cliente. Por debajo de las cuales corría agua, seguramente utilizada ya en los baños próximos. Un canal más pequeño transcurría paralelo al primero, sirviendo éste para limpiar las esponjas naturales que por lo visto utilizaban para limpiarse. Las letrinas eran unisex, diáfanas, la mayoría sin protección alguna ni siquiera para la lluvia, de forma que la ropa se utilizaba para ocultar el cuerpo. Y eso los más pudorosos, porque parece ser que el alivio intestinal en Roma no exigía la mas minima intimidad, ni superior atención que la merecida por un grupo de ociosos disfrutando de un refresco en una de nuestra terrazas de verano.
Por cierto siempre se ha dicho que los romanos eran eminentemente prácticos y prueba de ello es que, el emperador Vespasiano, agotado el tesoro público, se le ocurrió entre otras medidas la de establecer un impuesto por el “pis”. Podría haber pasado a la historia como el primer gestor de residuos urbanos, pero no había nada de eso. Como la orina tiene amoniaco y éste es bastante eficaz en la limpieza, impuso la obligación de separar los sólidos de los líquidos en los retretes públicos,  para posteriormente vender a los lavadores toda la orina posible
Nos hemos ensañado un poco con Roma, pero a la vista de otros pueblos destaca con mucho, aún hoy utilizamos sus galerías subterráneas y muchos de sus acueductos serían perfectamente capaces de regular el viaje del agua en la actualidad.  El colapso del Imperio le llevo a Europa casi mil años de lenta y dramática recuperación. El alcantarillado no iba a ser menos y por eso de que el mejor sistema de evacuación es el que no se ve, los hombres de la Edad Media no repararon en él hasta que las epidemias le pusieron en el brete de la mera supervivencia.
Siempre se ha dicho que el cristianismo vino con las manos y los calzoncillos sucios. Que debieron ser los árabes, antes de el año 1000, los que les enseñaran que hay que lavarse las manos antes de comer. Que la suciedad no les protegía de las enfermedades del exterior sino que se las causaba. Que a falta de comida, el retener deliberadamente las deposiciones no les alimentaba más. Y que dejar a los niños chapotear en las insalubres lagunas de agua sucia que se formaban en las ciudades, no era nada bueno.
Probablemente la excepción la constituyeran los monasterios y residencias de la Iglesia. En la Edad Media los monasterios tenían unas condiciones de vida envidiables en  comparación con el resto de la población. Comían bien y todos los días, dormían en seco, podían refugiarse del frío en invierno, y los gruesos muros conventuales les protegían del calor. Pero sobre todo disponían de una red de evacuación de aguas residuales, retretes y algún que otro habito higiénico. Los muros que rodeaban los conventos  eran una especie de fortaleza física y espiritual para evitar los asaltos de los campesinos, asediados por el hambre y las enfermedades. De esta manera  los monjes consiguieron eludir las epidemias de peste y cólera mejor que el resto de la población
     Tampoco nos han dicho que las ciudades se han edificado junto a los ríos y a las orillas del mar, entre otras cosas para utilizarlos como alcantarillas naturales. Esto sucedió con París y Londres que vinieron a tomar el testigo de Roma en cuanto a ciudades emergentes……..aunque eso les llevaría algunos cientos de años más. Por estas fechas, siglo X siglo XI, la gran metrópoli de occidente era Córdoba con 400 000 o 500.000 personas, aunque haya  página por ahí  que elevan esa cifra a un millón,  algo exageradillas ellas a nuestro modesto entender.
Hace algunos años un político hizo un ejercicio de filigrana temporal al poner de manifiesto su satisfacción porque el territorio al que representaba hubiera pertenecido a  la Marca Hispánica. Esa zona fronteriza –que ni para ti, ni para mi- entre la Europa cristiana y la España Musulmana,  que formalmente estaba adscrita al imperio de Carlomagno, sito en la ciudad de Aquisgrán. Pues bien, llevando ese ejercicio histórico hasta sus ultimas consecuencias, podemos afirmar con seguridad que si el referido político hubiera tenido la oportunidad de viajar en el tiempo probablemente se hubiera sentido mas cómodo en la corte califal de Cordoba que en la muy bárbara Aquisgran. En el año 1000 el que cortaba los “patrones” de la moda residía en el Guadalquivir; la Córdoba califal, y no en un frío ni insano castillo cuyo muros estaban literalmente cubiertos de unas curiosas estalactitas de materia fecal, la mierda que caía de las letrinas situadas en las almenas(hablaremos de ello en la parte tres). Por estas fechas  al Emperador Federico Barbarroja, le tuvieron que rescatar del pozo de aguas negras del castillo de Erfurt-en el centro de Alemania- porque el suelo había quebrado y todos los presentes en la Dieta se precipitaron en tan exquisita colación. Y eso le pasaba al emperador con lo que podemos imaginarnos las condiciones en las que vivirían los demás
Estas cosas suelen pasar cuando utilizamos frívolamente el pasado. Y no es que en las calles del Califato se pudiera tomar sopa, ni mucho menos,  pero es que el resto de Occidente se lo ponía muy fácil, igual que se lo pusieron a Roma los pueblos Bárbaros.  El Coran, como la Biblia, es otro regalo religioso de esa tierra reseca y un poquito “rara”. El agua para el musulmán es un precepto casi sagrado. El agua purifica y a falta de ella: arena.
 En efecto, según el Coran antes de las abluciones previas al rezo un creyente debe de lavarse, especialmente si menstrua, después del acto sexual….. y bla, bla, bla. Esa fijación de los hombres de Oriente Medio por el sexo. El caso es que si no se dispone de agua, deben de lavarse la cara y las manos con arena limpia. La higiene trasciende la practica religiosa y se convierte en un habito cotidiano. La limpieza no solo se limita al cuerpo sino  que alcanza a todo aquello que nos rodea, que debe ser, en la medida de lo posible, limpio e higiénico. Vamos, en una palabra que, en la Córdoba Califal al menos todo el que disponía de una mediana posición tenía un retrete. y además las municipalidad le reglamentaba el uso y distribución de las arquetas que compartía con sus vecinos. 
Tres niveles de alcantarillado existían en la ciudad: las canalizaciones que salían de las casas, las cloacas en las calles, y aquellos conductos colectivos que acercaban sus desechos al río. Las alcantarillas disponían también de una suerte de tapas de registro, piezas de pizarra que facilitaban la apertura periódica de las canalizaciones con el fin de sanearlas. Aquí la Cloaca Máxima, recibía el nombre de cloaca madre y aquí vertían todas las demás.
Y los artesanos eran por lo visto bastante afamados con las letrinas: por supuesto alejadas de las zonas comunes pero muy próximas a la pared que les separaba de la calle, pintadas las paredes, con revoques curvos en las esquinas e inclinación del suelo para facilitar la evacuación. No, no había papel higiénico pero casi. En Medina Azahara, que era como un Palacio de Campo del Califa, todas, todas las viviendas poseían retretes.
       En su defecto -en ausencia de retrete- el correspondiente pozo negro que debía de ser como el wc de los pobres. Tienen un problema; requiere sitio para hacer el agujero en el suelo, y las ciudades árabes están en un puño, con esas callejas que no llevan a ningún lado. Pensemos que hay. Sitio, quiero decir. En este caso se dan dos grandes problemas; uno que llueva. Si se desborda el pozo negro todo esa agua infesta puede causarte la ruina en tu casa y en la del vecino, porque ojo que el musulmán es muy quisquilloso, y si es rigorista peor. Su vida está pautada por el libro santo en casi todo, y la Córdoba califal tenía un sinfín de normas y sanciones para los dueños poco cuidadosos de sus pozos negros. Otra cuestión obvia:  que el pozo negro se llene. Un día, otro, otro, en fin. ¿Quién lo vacía? Pues unos muchachotes, judios o cristianos pues era oficio vil, y que utilizaban unas vasijas que una vez llenas debían de tapar por razones obvias. Las vasijas, con el fin de no derramar su contenido, debían de ser transportadas entre dos personas y debían de utilizar una campanilla para avisar a la gente del tipo de mercancía que transportaban, como si el olor que les acompañaba no fuera a ser suficiente. En general todo lo relacionado con el alcantarillado, limpieza de pozos negros, enterramientos y letrinas estaba mal considerado y junto a los payasos(¿) y las prostitutas, el oficio de pocero era denigrante.
De tal forma que cuando se defecaba o se orinaba el  creyente no debía de mirar en ningún caso hacia la Meca. Las mezquitas, caso de disponer de letrinas debían contar con un pocero que las limpiara a diario pues el lugar era sagrado y el recogimiento que exige la oración no parece casar muy bien con la pestilencia de estos lugares. En Roma decíamos que se comerciaba con la orina, en Córdoba se vendían las aguas fecales como un “paquete” completo. Las heces eran un fertilizante de notable eficacia, a juzgar por la opinión que de ellas tenían los clásicos greco-latinos. Por lo visto los deshechos fecales eran muy apropiados para tierras secas y yermas como eran las de muchas zonas del Califato.

Continuara……………