Siempre he observado el cine con precaución, muchas de sus escenas son absolutamente fantasiosas e imposibles de realizar en un mundo marcado por la fuerza de gravedad. Una de las tomas que más me han impresionado han sido esas de las películas de espías en las que, antes de ser capturados, se tragaban una cápsula de cianuro y mueren al instante. He pensado que esto no es posible, que sólo por exigencias o delicadeza del guión, se priva al espectador de imágenes morbosas. Pero parece ser que sí lo es; que la muerte por ingestión de cianuro te manda al otro mundo con una sorprendente rapidez, pues bloquea las células a nivel mitocondrial, y al privarlas de oxigeno la muerte es inmediata. Es un consuelo, porque la muerte por envenenamiento suele ser bastante dolorosa, y en el caso de la estricnina, que no es un veneno en sentido estricto(observen el juego de palabras), y que se utiliza en pesticidas, espantosamente dolorosa. Todos y cada uno de los músculos de tu cuerpo se contraen como en una sinfonía caótica hasta que te matan por agotamiento
Vistos los artificios, el engaño y la sofisticación de los medios utilizados por los envenenadores, si yo fuera un objetivo, podía considerarme víctima segura. No hay servicio secreto, ni prudencia alguna que pueda evitar de forma indefinida la acción de un asesino provisto de su dosis letal de ponzoña. Gracias a Dios que los entendidos hablan de un perfil del envenenador tipo: se trata de personalidades frías, pacientes y reflexivas. Que suerte, se me vienen a la cabeza algunos personajes públicos, pero ¿estos no pueden ser envenenadores?........... Creo.
Si no fuera por la reciente muerte por envenenamiento del ex espia Alexander Litvinenko, las noticias sobre el veneno en los últimos años habrían ocupado escasas páginas. Esto puede significar dos cosas; que la maldad humana ha desplazado sus preferencias hacia otras armas de aniquilación, o que circulan por ahí sustancias letales tan sofisticadas que son imposibles de detectar. Mala señal en ambos casos. El veneno difícilmente se va retirar de esa convivencia que ha mantenido con la especie durante miles de años, se ha emboscado incluso hasta en el oxigeno que te va oxidando poco a poco, hasta que te mata.
Nada es veneno y todo es veneno; el amor, fíjate que fácilmente se corrompe con el desdén. Tengo delante de mi un opúsculo muy breve, que habla de un suceso ocurrido en Sevilla en 1830. Una guapa mujer, Catalina de Viariza, que al saberse despechada por su amante(que se promete en matrimonio con otra) envió un ramo de flores a su pérfido enamorado; Pedro de Balboa, el cual cayó fulminado al suelo tras aspirar su aroma. No murió, y aunque las sospechas eran fundadas, Catalina no pudo ser condenada. Lo volvió a intentar el día de la boda de Don Pedro al que agredió con una aguja que previamente había impregnado con vedegambre, un veneno usado por cazadores. Pedro de Balboa estuvo entre la vida y la muerte y sólo se salvó porque la iracunda de Catalina no utilizó suficiente veneno.
El ricino también tiene su historia, menos lírica pero tambien de “doble filo”. El aceite de ricino, que se utilizaba como purgante hace ya algunos años, y que muchas madres preocupadas por la salud de sus hijos se lo proporcionaban, es extremadamente peligroso, tanto como el veneno de un víbora. Todo depende de la dosis, imaginaté; las ignorantes madres coqueteando sin saberlo con la muerte. Como los comedores japones de fugu, (el pez globo venenoso) sorteando la muerte por saborear las delicias de un pescado que mata aún hoy en Japón a varias personas todos los años . O ese que llamaron en el siglo XIX el “veneno de la salchicha” La toxina botulinica, un veneno más que potente que te mata de fijo. En dosis adecuadas sirve para controlar espasmos musculares y entra en la composición del archiconocido Botox(el Botox lleva el tipo A que es la más mortífera) que sirve para rellenar arrugas más o menos. En una supuesta escala de toxicidad, la toxina botulinica ocuparía el primer lugar.
Acaso el símbolo de la medicina, que es una vara con un serpiente enroscada, quiera presentar esa dualidad de las sustancias que curan por un lado pero matan por otro. Es el caso de la absenta (puedes ver: La Enfermedad en el Arte: Los malditos. Parte Cuatro), un líquido que es casi alcohol en estado de pureza absoluta. Se consumía con una prodigalidad absoluta en la Europa del siglo XIX y XX, era la bebida preferida de pintores, escritores, nihilistas e iluminados: Victor Hugo, Oscar Wilde, Picasso, Van gogh, Toulouse-Lautrec... Embriagaba en segundos pero no dejaba sólo la resaca, uno de sus componentes la tuyona poseía una elevada toxicidad. Su consumo reiterado producia alucinaciones, afectación neurológica , locura y por fin la muerte. Su uso quedó prohibido en muchos lugares de Europa, y eso que en Francia llegó a consumirse más que el vino.
El siglo XX ha hecho del veneno un espectáculo de masas, por activa y por pasiva. La guerras químicas o bacteriológicas no son ni mucho menos nuevas; la usaron los tártaros, los romanos y otros, a veces con una increíble torpeza. Como esos que escupen para arriba y les cae encima. Los tártaros en su asedio de Kaffa en la Crimea, lanzaron sobre la ciudad cadáveres de apestados y al final todos contrajeron la enfermedad: sitiados y sitiadores.
El gas cloro y gas mostaza, fueron generosamente distribuido sobre las trincheras de la I Guerra Mundial. A estos les paso como a los tártaros, que escupieron para arriba, No tuvieron mas remedio que ponerse todos de acuerdo para prohibirlos, y no por razones humanitarias; su uso indiscriminado amenazaba con exterminar a los contendientes.
Sadam Hussein, el lider iraqui derrocado por los Estados Unidos, también lo utilizó en su guerra contra el Iran de Jomeini. Y también en el episodio de gaseamiento de los Kurdos, que dejo sembrada la ciudad de Halabja con más de 7000 cadáveres que parecían maniquies, aunque materialmente la ciudad no sufriera daño alguno. Sadam no le hacia ascos a nada, también tenía tratamientos personalizados. Así murieron cientos de opositores iraquies directamente envenenados o engañados hasta su último momento por el “brindis de la muerte”, un traguito para olvidar los malos ratos al que eran invitados por sus carceleros y que les mandaba al otro mundo. De esta forma murió Majidi Jehad, a quien se le ofreció zumo de naranja, o Salwa Bahrani a la que se le proporciono un yogurt envenenado.
Los japoneses durante la guerra con China también utilizaron a sus vecinos como cobayas: antrax, viruela, peste bubónica. Infestaron deliberadamente con una variada selección de tóxicos a sus víctimas, y después se sentaron a esperar para observar sus efectos. Ni que decir tiene que la práctica totalidad de estas perecieron. Bombardearon también ciudades con recipientes cerámicos portadores de peste bubónica, una delicia de programa de entretenimiento que pretendían hacer pasar como proyecto científico.
SI saltamos al siglo XIX pues encontramos también a los confederados de la guerra civil americana lanzando animales muertos sobre pozos de agua potable o sobre las posiciones enemigas. Asi mismo sorprendemos a los soldados ingleses comerciando pacíficamente con los indios americanos, intercambiando mantas…….mantas infestadas con viruela.
El vietcong utilizaba trampas formadas por palos afilados, cuyos extremos habían sumergido previamente en heces con el fin de causar infecciones que agravaran las heridas producidas por los mismos. Aunque esto es pecata minuta, vista la saña con la que EE.UU se estaba empleando con su país. Y de los últimos archivos desclasificados de la II Guerra Mundial nos llegan dos primicias: la primera, el estudio que hicieron las potencias aliadas para utilizar ingentes cantidades de dardos envenenados con gas mostaza sobre las fuerzas alemanas (1941 y 1945 en la base de la investigación Porton Down en Wiltshire). Con el objeto de acortar la duración de la Guerra, esta suerte de nube asesina sería lanzada desde aviones o con proyectiles de artillería, lo que garantizaría el exterminio del enemigo pero mantendría indemnes los bienes materiales, aunque no así el ganado que también perecería.
De todos es conocido el uso que daban los alemanes a su producción de gases, dándoles salida a través de los campos de concentración y exterminando judíos. Por cierto, cuando terminó la II Guerra Mundial, sionistas radicales se tomaran la revancha (y esta es la segunda parte de la primicia). Diseñaron una venganza sobre el pueblo alemán a la altura del sufrimiento padecido por el pueblo judío y establecieron dos planes: una opción A, que consistía en envenenar las aguas de varias ciudades alemanas (Hamburgo y Nuremberg) significadas por su vinculación al régimen nazi. Y una opción B, que consistía en el el envenenamiento de soldados SS retenidos por los aliados en campos de concentración. El grupo fue encabezado por un antiguo partisano llamado Abba kovner. Este revela todo su plan a las organizaciones de resistencia judía que lo rechazan, y tras viajar a Israel y entrevistarse con Haim Weizman, el primer presidente de Israel al que solo informa de sus planes sobre los prisioneros SS, obtiene una ayuda indirecta. Pero todo el operativo fracasa cuando el veneno estaba a punto de llegar a Francia. Pasan al segundo plan: 15000 presos SS encarcelados en campos por los americanos. Fabrican el veneno en París y tras introducir a tres miembros en el campo de concentración, que se hacen pasar por panaderos, envenenan los panes que se sirven en el rancho. El resultado miles de SS envenenados. Los médicos americanos son incapaces de atender a tanto enfermo. El número real de muertos es silenciado.
A los judíos nunca les ha temblado la mano desde entonces, puede que en esa capacidad resolutiva les vaya su supervivencia y hayan acudido al veneno como a un arma más. Su última víctima, el dirigente del movimiento islamista palestino de Hamas; Mahmud al Mabhuh en una habitación de un hotel en Dubai. Inyectándole una droga que le produjo inmediatamente un ataque cardíaco. Y digo el último pero seguro que me equivoco, esas guerras latentes son un semillero de víctimas sin sangre
Y no quiero olvidarme de un hombre que en esto de los venenos ha nacido de pies. Fidel Castro, un señor que ha estado bastante años sin estrechar las manos por temor a que le envenenaran por mero contacto físico. Lo han intentado de todas maneras, hasta han envenenado a quien no debían, pero ahí sigue, aunque con su edad y las cosas que sigue diciendo dudo mucho que a alguien le interese su desaparición. Con Fidel no pudo la CIA y tampoco pudo, pero porque otros se le adelantaron para asesinarlo a palos, con Patricio Lumumba, una especie de Fidel Castro africano. A éste le tenían preparado una tubo especial de pasta de dientes
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| Rasputín. Difícil de matar |
Lumunba era un protegido de la URSS, y los soviéticos han tenido una particular habilidad con el uso de venenos de todo tipo. A Rasputín, una especie de consejero del último de los zares, le dieron tanto veneno como para matar a un caballo y al final lo ejecutaron a tiros. Tras la Revolución, aunque Stalin no hacia ascos a lo que llamaban “trabajos humedos” (por lo de la sangre que se derramaba) derivo luego hacia el uso de venenos, más discretos y asépticos. Exporto su especialidad a los paises satelites; se quiso “cargar” a Mao Tse -Tung por medición de Lin Piao -jefe del Ejercito de la Republica Popular China- y este pago con su vida la traición. Tito, el que fuera líder de la desaparecida Yugoeslavia, salvo la vida porque Stalin, que le había mandado matar, murió antes de que se pusiera en marcha el operativo, pensaban eliminarlo mediante la administración de un aerosol de la peste neumónica durante una audiencia personal. Palmiro Togliati también, líder del más poderoso Partido Comunista de Occidente, el italiano, que incluso veraneaba en la URSS, murió en extrañas circustancias en tierra rusa. ¡Si hasta el propio Lenin¡ fundador del Estado Soviético parece que también fue envenenado.
Ceausescu, el déspota de Rumania, un alumno aventajado, daba órdenes de asesinato mientras participaba en cacerías de patos a los que alcanzaba(destrozaba mas bien) con una ametralladora. Su especialidad el talio radioactivo que le había regalado Leónidas Breznev; produce un cáncer galopante. La lista de víctimas es interminable, hasta asesinos arrepentidos presenta tal y como podemos comprobar en un episodio real de la novela del “factor humano” de Graham Greene. En 1954, el agente del KGB Nikolai Khoklov se presentó en el apartamento de Georgi Okolovich en Frankfurt, Alemania, y le dijo: "He venido a por ti desde Moscú. El Kremlin ha ordenado tu asesinato" . Khoklov decidió huir a occidente en lugar de cumplir su mandato.
El veneno se ha utilizado también con prodigalidad en los llamados “juicios de Dios”, pruebas supremas que consistían en someter a un supuesto culpable a pruebas límite ,de forma que si sobrevivía era inocente y si perecía culpable. Ya hablamos de las “aguas amargas”, esa ordalía un poco tramposa que practicaban los judíos en la parte uno del Veneno. Pues bien el testimonio procede de África, Golfo de Guinea. El brujo de la tribu prepara un brebaje que han de beber dos hombres, uno es inocente, el otro es culpable. El brujo no lo sabe, pero a tal efecto utiliza un tóxico que se desactiva en medio acido. El veneno se llama calabar, pero lo que si sabe el brujo es que el veneno detecta al injurioso. Los dos hombres lo toman y el falso acusador cae al suelo, vomitando y víctima de horribles convulsiones. El otro, el inocente aparte de un notable dolor de estómago no tiene daño alguno. Es un milagro….No, no lo es. El inocente que cree en la justicia de los espíritus ha tragado el liquido sin titubeo alguno y el ácido del estomago ha desactivado la mayor parte de los efectos del tóxico . Sin embargo, el culpable ha retenido el liquido en su boca antes de ingerirlo, titubeando, lo ha hecho el tiempo suficiente como para que la toxina entre en su organismo. El veneno ha hecho justicia
Es una idea de Tomvera
Actualizada a: Abril 2011


