Lola Montez: Una cazafortunas del siglo XIX



Lola Montez


La verdad es que no sabíamos muy bien como encauzar esta entrada sobre Lola Montez (con z), un figura controvertida del siglo XIX. Cazadora de fortunas, bailarina, entretenida, embaucadora y farsante, entre otros muchos calificativos más severos. No es un personaje extraño, visto el paisanaje del se que ocupan  muchas de las revistas del corazón, y otros medios no tan frívolos de la actualidad. Tampoco es una precursora. Otras muchas mujeres antes que ella se aventuraron por la senda del amor ilícito y adultero, a veces de forma fría y deliberada, como una posibilidad de sortear la miseria a la que estaban destinadas, y en otras ocasiones como resultado del don de la belleza, inconscientes, en apariencia, de su capacidad de fascinación en el sexo opuesto. En la antigua China  se presentaron como concubinas, nutriendo por cientos, y a veces por miles, los serrallos de los Emperadores de esta civilización milenaria. En el Oriente ejercieron una legendaria fascinación, prohibida a todos menos a los sultanes, dentro de los harenes. En Occidente no han existido, que sepamos, instituciones de esta naturaleza, pero sí que se han prodigado mujeres capaces de sortear un miserable destino gracias a su habilidad para seducir a los poderosos. Desde Teodora, una miserable bailarina de prostíbulo en la antigua Bizancio que llegó a ser Emperatriz, pasando por Agnés Sorel, amante de Carlos VII de Francia, Aurembiaix de Urgell que lo fue de Jaime I.............hasta en la actualidad...........Bueno, dejemoslo estar. Será entonces a través de la seducción desde donde intentaremos bosquejar una imagen de Lola Montez. Una mujer que probablemnte tuvo decenas de amantes y varios matrimonios, ninguno de los cuales se hizo desinteresadamente. Como viene siendo habitual los post se encuentran en www.lacasamundo.com

Un viaje por Italia



el salto en Capri


Hemos vuelto a Italia, a Sorrento en particular. Lo hicimos el mes de Agosto de 2011, en una noche en la que el mismísimo capitán Francesco Schettino (en efecto el capitán que encalló el Costa Concordia) se despedía de su ciudad. No queríamos hablar de él, de hecho, hasta hace bien poco, no sabíamos ni que existiera, pero la actualidad manda.  Es vecino de Meta de Sorrento, un pueblito que nos encanta. Probablemente aquel buque que se alzaba imponente sobre la negrura del Golfo de Nápoles fuera el Concordia, no lo podemos asegurar. Próximo a la costa, audaz, inmenso y bellísimo. Todo un espectáculo para los turistas de ambos lados: los que se encontraban en el puerto y aquellos que atestaban las terrazas del buque. Schettino, se despedía de su ciudad y lo hacía con el "torna a Surriento" por la megafonía del buque. Al final, mientras hacía sonar las sirenas del barco, alejaba la inmensa mole hacía la oscuridad de la noche. Me consta que aquella opera en vivo emocionó a muchos turistas y sorrentinos. El tiempo daría hasta cierto punto la razón a aquellas imagenes premonitorias que en aquel momento se nos venían a muchos a la cabeza; la del Titanic en su última singladura.
       Nadie puede dudar de la capacidad de los italianos para ofrecer por el mismo precio siempre algo diferente, es sincera y se nota. Cuando uno se recrea en lo que hace, apunta el artista que todo hombre de esta tierra lleva dentro. Pero hay que saber parar porque si uno se excede, aparece el ególatra, eso ya no gusta tanto. Schettino, como capitán de buque es un insensato peligroso, pero como maestro de ceremonias es único. Estamos seguros de que no es la primera vez que lo hace, y también estamos seguros de que no es el único que lo ha hecho. Creemos que ese viaje, con riesgos calculados a los límites del protocolo de navegación, que tanto gustaba a los pasajeros, gozaba de alguna manera del visto bueno de las navieras: era la marca de la casa. El sello de distinción. Les falló la estadística, que lo hayas hecho un millón de veces bien no avala el éxito de la siguiente apuesta. Schettino lo va a pagar en soledad,  aunque no sea el único que practica el “arco” ¿Qué es el arco? Bueno, la imagen que os presentamos es muy descriptiva; en Italia se denomina inchino. Arco, salto, saludo, consiste en acercar el barco a tierra, más allá de donde el reglamento lo permite. Os ofrecemos algunas imagenes más del inchino, y os recordamos que esto en nada mengua nuestra pasión por este país. Tan admirado y peculiar, incluso con la torpeza de alguno de sus ciudadanos.

Farallones de Capri
inchino en Sorrento
Aproximación en Sorrento

Inchino en Venecia
Venecia. Uno
Venecia. Dos


Felicidades Julia

29 de Enero de.................

Para una Princesa que no sabe que lo es.

 


Bueno. Pues eso. Que muchas felicidades Tita

Adornos para el cuello


Isadora Duncan
Isadora Duncan

Os invitamos a nuestro post más reciente. Lo hemos colocado en www.Vestivalia.com, nuestro proyecto más fresquito del que, si mal no recordamos, ya os habiamos hablado. En este tratamos de las cosas que nos podemos colocar en el cuello. De toda la imnumerable variedad de objetos y accesorios que podemos utilizar en esta parte tan esencial de nuestro cuerpo, hemos elegido tres: Una joya con tanta historia que se la conoce incluso por varios nombres, nosotros hemos elegido "La Sola"; La palma de nuestras manos como prenda de abrigo; y un pañuelo. Cada uno con una pequeña historia a sus espaldas. Ah¡, la foto es de Isadora Duncan, una..............no sabemos cómo llamarla: bailarina, coreógrafa, musa, bohemia, diletante. A ella nos referimos en parte. Llevaba en el cuello una prenda que no debería haber usado.

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vestivalia.com

Las Compresas ( I ). Una historia algo incomoda


La empresa OB ya hacía referencia al papiro en su publicidad


La historia la han escrito los vencedores, o los amos, o los poderosos. La han escrito aquellos que saben escribir. Y esto, aunque pueda parecer una obviedad, una de esas verdades de perogrullo tiene su importancia. La historia de la humanidad, por ejemplo, es la historia de los hombres. Las mujeres y los niños han ocupado un lugar secundario, un reflejo, una sombra. Cuando os presentamos las entradas sobre el pañal [ver Historia del Pañal I y II Parte], ya os dijimos las dificultades que habíamos encontrado para documentarnos sobre la infancia. Ahora, y como lo prometido es deuda, os presentamos una historia de las compresas, mas o menos con las mismas trabas: las mujeres y los niños, por lo general no sabían escribir.
     La historia de las compresas es relativamente reciente, los primeros productos industriales se dieron en Alemania, en torno al año 1880, pero la idea es antigua. Hasta entonces, la vida pública de las mujeres venía marcada por sus ciclos menstruales, por eso que muy pomposamente se ha dado en llamar “el encuentro periódico con su propia naturaleza”. Las primeras referencias sobre el uso de paños higiénicos o compresas los encontramos en Egipto, y el primer testimonio escrito sobre la menstruación se encuentra en el famoso papiro Ebers; una especie de manual médico elemental. 

Papiro Edwin Smith, con una referencia a la menstruación en la zona en recuadro
     Del antiguo Egipto se ha dicho de todo, incluso aquello que no es cierto. Podemos aventurar que sus mujeres gozaban de un posición privilegiada. Su medicina y cultura higiénica  apuntan a la existencia de accesorios menstruales que ayudaran a sobrellevar los días del ciclo en forma de pequeñas almohadillas rellanas de algodón, desechables entre las clases altas y reutilizables entre los modestos. También se supone, pues no existe referencia escrita, que se utilizaba tampones realizados con papiros pues sí hay constancia del uso de dichos métodos pero con fines anticonceptivos.  Nada que ver con sus vecinos los israelitas cuyas mujeres debían soportar lo que los anglosajones llaman descargas menstruales  directamente sobre sus ropas. De tal forma que innumerables generaciones de mujeres se han visto perseguidas por una ropa manchada, señaladas por los numerosos tabúes que sobre la menstruación han existido.
     En la tardía Grecia el uso de compresas menstruales está atestiguado de una forma un tanto indirecta, Hipatia, una matemática griega que residía en Alejandría, aconsejaba que la mejor manera de desembarazarse de un pretendiente detestable consistía en lanzarle el trapo de la menstruación. Esta es una curiosa forma de deshacerse de un pelmazo aunque la historia ofrece mas bien la imagen del exilio mensual que las mujeres sufrían, y sufren, en las llamadas cabañas menstruales de las culturas precolombinas, en África , Asia, etc. Esas habitaciones privativas de las mujeres presentes también en la antigua Grecia y Roma, aunque aquí llamadas  gineceos, atestiguan que las chozas para la menstruación eran una fenómeno global, tal y como muestra el mapa que ofrecemos. 

"Die menstruación. Tabúes und ihre". Museo Estatal de Hesse

     Estos recintos eran utilizados por las mujeres de una comunidad con el fin de refugiarse en ellos durante sus periodos menstruales, lo que a la vista de las presiones y prejuicios sociales existentes no dejaba de ser un alivio. La antigüedad grecolatina pudo ofrecer a sus más distinguidas damas una suerte de accesorios íntimos formados por palitos forrados de algodón, según Hipócrates. Lo cual no es inverosímil, aunque por mas que hayamos rebuscado en la obra de éste no hayamos encontrado alusión alguna a los mismos. Existían también rollos de lana cubiertos de cera para evitar excoriaciones........